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 Lidiando con el Ladrón 3

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MensajeTema: Lidiando con el Ladrón 3   Lun Abr 21, 2008 4:46 pm

Nuestra Pereza: una puerta abierta para el ladrón

Desafortunadamente nosotros, los reyes, le damos a Satanás con demasiada frecuencia el derecho legal de robarnos. Esto es los que hacemos cuando pecamos. Uno de los principales campos donde damos al ladrón el derecho de robarnos, es el de los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, particularmente nuestra pereza. Volvamos una vez más a Génesis, el día cuando cayeron Adán y Eva, y veamos el juicio que Dios colocó sobre ellos como resultado de la caída. Parte del juicio divino contra el hombre fue que, a partir de ese día, tuvo que trabajar para subsistir.

Y al hombre dijo: … maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Génesis 3/17

El hombre se ha revelado desde entonces contra este juicio de Dios, y al hacerlo, le ha dado a Satanás el derecho de robarlo. ¿De qué manera? Al negarse a experimentar el dolor, que en términos sencillos significa trabajar. ¿Vive usted de la beneficencia social? ¿Vive de las dádivas o ayudas del gobierno? Si es así, ¡usted está bajo una maldición porque anda en franca desobediencia a Dios!

“Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.
Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros,
ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros;
no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.
Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.” 2 Tesalonicenses 3/6-10

Pablo tenía indudablemente mucho que decir en cuanto a este tema, ¿no lo cree? Recordemos que una de las maldiciones del imperio romano, en los días de Pablo, fue la prodigalidad pública. Los historiadores han dicho siempre que una de las principales causas de la caída del Imperio Romano fue esa práctica. Esta prodigalidad llevará también a la ruina a EEUU si permitimos que continúe. Ella es ya en gran parte responsable de la caída de este país en la bancarrota.
Dios mismo es quien nos ordena a trabajar y ganar nuestro sustento. ¡Si usted no lo está haciendo, está pecando! Aún los minusválidos pueden trabajar, si quisieran. Hay personas que están demasiado enfermas para trabajar, pero son muy pocas en comparación con el número de las que viven de la beneficencia oficial o como resultado de algún tipo de ayuda por discapacidad. De acuerdo con la Palabra de Dios, es la iglesia, no el gobierno, quien debe ocuparse de los que no pueden en realidad trabajar. (Véanse Marcos 14/7: 1 Timoteo 5/3, 16).
La beneficencia del gobierno es una maldición que pasa de una generación a otra. El deseo de evitar el tener que trabajar es tan antiguo como Adán; es parte de la naturaleza pecaminosa de todo ser humano. ¡Nada nos gusta tanto, ni con tanta rapidez, como recibir algo que no nos cueste nada! El argumento más trillado que usan las personas que no quieren perder el subsidio del gobierno, es que no pueden conseguir trabajo. ¡Tonterías! La verdad es que no pueden conseguir un trabajo que les proporcione tanto dinero como el que reciben del gobierno. La solución es, entonces, hacer dos trabajos. Observe, por favor, lo que dijo el apóstol Pablo:

ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros. 2 Tesalonicenses 3/8

Jesús afirmó con claridad el principio de que, en el reino de Dios, la persona debe demostrar sobre todo fidelidad e integridad en lo poco antes de recibir más.

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?
Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Lucas 16/10-12

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25/20, 21

Más adelante, en esta misma parábola, Jesús desaprobó a uno de los siervos por ser perezoso:

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.
Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.
Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.
Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mateo 25/26-30


Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5/6, 7

Usted tiene que dar el primer paso por fe. Busque un empleo, no importa lo insignificante o humilde que sea. Y al hacerlo, pídale a Dios que lo perdone por su holgazanería y por su dependencia de la ayuda del gobierno, en vez de la ayuda de Él. Pida también al Señor que quite de su vida la maldición de la holgazanería. Si lo hace, Él podrá bendecirlo con un mejor empleo y con más ingresos económicos.

El deseo del perezoso le mata,
Porque sus manos no quieren trabajar.
Hay quien todo el día codicia;
Pero el justo da, y no detiene su mano. Proverbios 21/25, 26

¡Por qué se caracterizan los sectores de nuestras ciudades donde gran parte de la población vive de la ayuda del gobierno? Por la violencia y la delincuencia
¿Ha sido usted un flojo? ¿Acostumbra llegar siempre tarde a su trabajo? ¿Hace apenas la mitad del trabajo que debiera hacer? ¿Cambia con frecuencia de empleo porque siempre quiere algo mejor donde le paguen más? Esto le indica al posible empleador que no se puede confiar en usted. ¿Se pelea usted con sus colegas de trabajo? ¿Es chismoso y envidioso? Si todo lo anterior es cierto, le está dando al ladrón el derecho a robarlo. La Palabra de Dios es clara en cuanto a esto:

Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Santiago 3/16-18

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres Colosenses 3/22-23

No hay lugar para la envidia, la rivalidad o la pereza en el reino de Dios. Al que el Señor usa con poder en su servicio y lo bendice, tiene que ser ante todo uno que trabaja arduamente.

Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa. Eclesiastés 10/18

Somos edificio de Dios, somos parte de la casa de Dios (1 Pedro 2/4,5). Si somos flojos e indolentes, le damos a Satanás el derecho legal en nuestra vida. Si somos así, perderemos el derecho de ordenarle al ladrón que nos devuelva lo que nos ha robado.
Podemos, sin embargo, ser perezosos también en otros aspectos aparte del trabajo. Podemos serlo al negarnos a disciplinarnos a nosotros mismos y a usar los talentos y dones que hemos recibido del Señor. Son muchas las personas que han fracasado en el ministerio que Dios les ha dado por la holgazanería y la falta de disciplina. El Espíritu Santo nos da dones, pero tenemos que ser solícitos y diligentes en conservarlos. ¡Y esto implica trabajo!

Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 2 Timoteo 1/6

Después que hayamos confesado nuestros pecados y cambiado nuestra manera de vivir, tendremos el derecho de ordenar a Satanás que nos devuelva lo que nos ha dado el poder y la autoridad sobre el ladrón, pero debemos primero poner en orden nuestra vida, con seriedad y rapidez, porque el tiempo es corto.
¿Qué le ha robado Satanás? ¿Su gozo? ¿Su empleo? ¿Su esposa, su esposo, sus hijos? ¿Los robó o usted le dio el derecho legal de apoderarse de ellos por sus propios pecados? Si Satanás le robó algo, póngase en acción, ejerza autoridad sobre este ladrón ¡y déle la orden en el nombre de Jesucristo que le devuelva lo que le ha robado!

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"CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO Y YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO, SU VIDA, EN MÍ." gálatas 2/20
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