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 Lidiando con el ladrón- FINAL

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MensajeTema: Lidiando con el ladrón- FINAL   Lun Abr 21, 2008 4:48 pm

Permítame que le dé un ejemplo práctico de un caso que nos ocurrió y que tiene que ver con esto.

Temprano en la mañana, un lunes de enero de 1995, Rebecca y yo debíamos tomar un vuelo a la ciudad de México. El jueves anterior tuvimos una de las tormentas de lluvia helada que han hecho famoso a Arkansas. Llovió literalmente durante cuarenta y ocho horas. Hasta las ramitas más pequeñas de los árboles estaban cubiertas de hielo. Aquello era hermoso, pero también muy devastador. La mañana del viernes nos quedamos sin electricidad. Como vivimos muy metidos en el campo, nuestro vecino más cercano vive a más de kilómetro y medio de distancia. El agua la obtenemos de un pozo. De modo que, sin electricidad, no sólo no teníamos luz ni calefacción, sino tampoco agua. Esa noche hizo mucho frío. El sábado por la mañana no teníamos todavía electricidad, pero teníamos que viajar en apenas dos días.
Estábamos comenzando a preocuparnos y salí a ver si podía encontrar donde de habían roto los cables y así ayudar a la compañía de electricidad a dar con el problema. Al dirigirme hasta el extremo de nuestro terreno de una hectárea, descubrí que una enorme rama se había desprendido de uno de nuestros pinos y había caído sobre el cable principal que llevaba la corriente a nuestra propiedad. Pero una vez de haber partido en dos el cable, todo el poste había quedado destrozado, hecho añicos sobre el suelo. Parecía como si hubiera sido de cristal y no de madera. Todo el equipo eléctrico que estuvo sobre el poste, incluido el medidor y el tablero de control, eran ahora pedazos sobre el suelo. Sin embargo, el cable seguía intacto, aunque en el suelo, conectado el poste caído.
Manejé entonces cuarenta kilómetros hasta la población mas cercana, e informé a la compañía de electricidad lo que había ocurrido. Cuando se lo dije al gerente, se limitó a menear la cabeza y me dijo: “Lo siento Daniel, pero tenemos en este momento más de nueve mil casas sin electricidad. Arreglar un poste es un trabajo que toma tiempo. Esto significa que no podremos repararlo sino en, por lo menos, una semana.”
También me dijo que todo el equipo que había en el poste era de mi propiedad y que era mi responsabilidad pagar por sustituirlo. Por lo tanto, no vendrían a repararlo hasta que yo lo reemplazara, y me cobrarían el valor del trabajo. Todo eso llegaba a más de mil dólares, que no teníamos.
Regresé a casa desanimado. Tenemos dos señoras mayores, Frieda y Nancy, que viven en nuestra propiedad y que nos ayudan con cuidado de todas nuestras cosas mientras estamos de viaje. No podía marcharme del país y dejarlas sin electricidad. Tenía el temor, además, de que las tuberías del agua se congelaran y estallaran. Además, no sabíamos de dónde saldría el dinero para los equipos eléctricos. Cuando llegué a casa le expliqué la situación a Rebecca y le dije que me parecía que tendría que viajar a México sin mí.
-Oh no, estoy segura de que esa no es la voluntad de Dios- fue su firme respuesta.
-Pero no creo que haya otra salida. No puedo marcharme sin dejar resuelto el problema de la electricidad, y no tenemos el dinero para adquirir todo ese equipo- dije.
-No sé cual es la respuesta, ¡pero estoy segura de que la voluntad de Dios es que los dos vayamos a México!- dijo ella.
¡Mujeres al fin!, pensé disgustado mientras me sentaba en el sofá. ¡Parece que no pensaran!
Estaba de mal humor, me sentía frustrado y desanimado. Lo que no sabía es que Rebecca y Frieda ya habían estado orando por mí. Mientras estaba allí sentado, con un humor de perros, el Señor me habló de repente: “¿Quién te robó la electricidad?”
Me incorporé en mi asiento de repente. ¡Por supuesto! No es normal que un poste eléctrico de madera en buenas condiciones se parta por la base y se vuelva añicos sobre el suelo. El poste estaba en buenas condiciones, y la madera no se fragmenta como el cristal. Lo normal era que se hubiera roto el cable, no el poste. Hasta ahora había dado por sentado que el destrozo y todo el daño se debió al hielo acumulado sobre el poste, pero no era así. Satanás había robado nuestra electricidad con el propósito de impedir que viajáramos a México.
Entonces me puse de pie de un salto, salí otra vez y me dirigí hasta el poste. Parado junto al poste y al equipo destrozados, ordené: “¡Satanás! ¡En el nombre de Jesucristo mi Señor, te ordeno que nos devuelvas hoy nuestra electricidad y nuestro equipo eléctrico! ¡Tú los robaste, y por lo tanto, tienes que devolvérnoslos! ¡No voy a pagar por todo esto, ya que tú los robaste! ¡Te ordeno que me los devuelvas, y lo harás hoy mismo!”
Dos horas más tarde, no uno sino dos camiones de la compañía eléctrica llegaron trayendo un flamante poste. Dos cuadrillas de hombres venían a restituirnos el servicio eléctrico. Salí de la casa y me puse a trabajar con ellos. Pero no sólo pusieron un nuevo poste, sino que también me ayudaron a reparar todo el equipo eléctrico que se había dañado. Todo fue reparado y volvimos a tener electricidad después de una hora.
-¿Cómo es que vinieron a colocarnos el poste? Pensé que no podían venir hasta la próxima semana- le pregunté al jefe de la cuadrilla.
-En realidad no lo sé- contestó-. No teníamos ningún plan de venir por aquí, y mucho menos a montar un bosque. Pero recibí una llamada en la radio de mi camión diciéndome que una cuadrilla de hombres se dirigía con un poste nuevo a su casa y que yo debía parar lo que estaba haciendo para venir a ayudar a los hombres a restablecerle el servicio. Por lo tanto aquí estamos.
¡Alabado sea el Señor! ¿Se dan cuenta? Satanás había robado nuestra electricidad. Pero soy un coheredero con Jesucristo, y a través de Él tengo autoridad sobre el ladrón para obligarle a devolverme lo que me había robado.
Nos fuimos a México y el Señor bendijo maravillosamente las reuniones. El viernes por la noche tuve la oportunidad de presentar el evangelio en una conferencia de jóvenes donde mas de trescientos cincuenta adolescentes dieron su corazón a Cristo. Por eso Satanás había tratado de evitar con tanto empeño que viajáramos.
Sin embargo, ocurrió algo interesante. Después de nuestro regreso de México, me dirigí a la compañía de electricidad para hablar con el gerente y darle las gracias por haber enviado a los hombres con tanta rapidez a reparar el daño. Cuando se lo dije, meneó la cabeza perplejo, y respondió: “Bueno, eso es algo extraño. Yo nunca hice esa llamada para decirle a los hombres que fueran a su casa. Nunca pude saber quien hizo la llamada.”
¡Yo sí sé quien hizo la llamada: Satanás!

Un año después, nos encontrábamos viajando de nuevo por América Central. Enseñamos este principio en Costa Rica y después fuimos a Panamá en un autobús alquilado. Íbamos con varias personas de la iglesia de Costa Rica donde habíamos estado dictando conferencias. Al regresar de Panamá a Costa Rica, dos jóvenes tuvieron la oportunidad de ver funcionar este principio.
Hay dos aduanas fronterizas para los dos países: una en Panamá y otra en Costa Rica, y la distancia entre ambas es de más o menos una cuadra. Este espacio está lleno de toda clase de tiendas pequeñas, mientras esperábamos en la primera aduana, en suelo panameño, todos bajaron del autobús y se pusieron a comprar en las tiendas situadas a ambos lados de la frontera, porque allí los artículos son mas baratos. Después regresaron al autobús y nos dirigimos a la siguiente aduana. En esta ocasión, dos de los jóvenes entraron al autobús conversando entre sí en español. Cuando llegamos a la aduana de Coste Rica y esperábamos sentados, una mujer llegó corriendo, subió al autobús y les entregó a los jóvenes un poco de dinero, al tiempo que decía algo jadeando, y se marchó rápidamente. Los jóvenes comenzaron a reír y alabar al Señor. Entonces les preguntamos qué había sucedido. Nuestro intérprete nos dijo que cuando estos dos jóvenes fueron a cierta tienda a comprar, el dueño se quedó con diez dólares que pertenecían a ellos. Se lo reclamaron, pero el hombre se negó a escucharlos y los echó de la tienda. Mientras ellos estaban en la acera frente a la tienda, hablando de la situación, recordaron lo que les habíamos enseñado en cuanto a enfrentar al ladrón. Entonces ejercieron autoridad sobre Satanás, el ladrón, y en el nombre de Jesucristo le ordenaron que les devolviera lo que les había robado a través del dueño de la tienda. Después de esto regresaron al autobús. La mujer que había llegado corriendo por la calle hasta el autobús era la esposa del comerciante. Ella les devolvió los diez dólares a los jóvenes y les pidió disculpas. ¡El ladrón fue obligado a devolver lo que había robado!
Desde que comenzamos a enseñar esta poderosa herramienta de guerra espiritual hemos tenido el privilegio de escuchar muchos testimonios de cómo las personas están aprendiendo a ser reyes por medio de Jesucristo y de cómo han estado obteniendo la victoria sobre el ladrón.

FIN

Yo mismo he experimentado esta verdad (FM), aquí les va:

Una mañana del año pasado, temprano me alistaba para ir a clases. Me recuerdo que estaba un poco atrasado por lo que apresure mis movimientos. Tomé la micro correspondiente y pagué mi boleto mostrando mi pase escolar. Luego me senté.
Llegué a tiempo a mis clases y esa mañana fue de lo más normal.
Pero al salir del CFT para regresar a mi casa en micro nuevamente no encontré el pase. Lo busqué por todos los bolsillos, pero no lo hallé. Y me lamenté.
Pasaron los días y uno de ellos me acordé de esta enseñanza. Entonces dije en oración: “diablo, no acepto que se me haya perdido mi pase, yo creo que tú me lo has robado; ahora en el nombre de Jesús te ordeno que me lo devuelvas”. Y lo solté. Continué orando con calma y confianza, con cierta expectativa para ver si esto era realmente genuino o no.

Pasó cerca de una semana, y en otro día de clases, mientras salíamos a la hora del almuerzo, un compañero me dijo: “Felipe se te perdió tu pase”, no era una pregunta, mas bien una afirmación. Por lo que al instante respondí que sí añadiendo la pregunta de cómo lo sabía él.
“Porque nosotros –señalando a su amigo- encontramos tu pase hacen días y está tirado en el piso debajo de las rejas de la vereda”
-“¿En serio?-respondí- ¿y dónde?”
“Acá mira”. Y me llevó a la mitad de la cuadra, en plena esquina de Rodríguez con Prat, donde hay unas rejillas en vez de cemento, de pronto, observando con atención, me percaté que en el fondo, en un suelo de un metro mas menos, ¡se encontraba mi pase!
Estaba cubierto por barro, apenitas se veía y mi bello rostro estaba muy opacado.
“¿Pero y cómo lo vieron?”
-“No sé”- me dijo uno.
Pero para mi asombro, uno de ellos comenzó a incomodarse y a preguntar cómo se podía rescatar. Probamos retirar la reja, introducir nuestras manos, etc. Pero no se podía. Entonces mi compañero me dijo que le espere un momento y fue corriendo al CFT a hablar con el auxiliar. Permaneció dentro como cinco minutos. A su regreso, traía consigo un fierro como de metro y medio. Para ese momento se habían juntado otros compañeros y compañeras. Este amigo con el fierro que tenía una curvatura en una punta, lo introdujo y con mucho esfuerzo, logró sacar mi pase a flote. Me lo pasó y me dijo junto con su amigo: “toma loquillo, chao, nos vemos después”. Tome mi pase todo embarrado, me lo extrajo una compañera, sacó confort y me lo limpió diciendo: “para que te quede brillante”, y me lo entregó. Todos se despidieron de mí alabando mi suerte y se fueron. Yo sencillamente quedé pasmado y di la gloria debida a mi Dios.

Hermanos, este principio es real. No duden en echar mano de él cuando lo necesiten. Si no han cometido un pecado relacionado al problema o si no han vivido en los errores que se detallaron arriba, cuando se les pierda o les roben algo, ¡ejerzan su autoridad en Cristo!

(También lo comprobé con unos libros perdidos)

PD: Siempre me he preguntado, ¿Por qué si yo usé el pase afuera de mi casa cuando tomaba la micro por última vez, lo hallé a diez cuadras? Por allí transitan la mayoría de mis compañeros, pero se necesitaba de mucha atención para poder ver el pase e identificar el rostro o el nombre. Pero lo seguro es que el principio funciona. Gloria a Dios.

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"CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO Y YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO, SU VIDA, EN MÍ." gálatas 2/20
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